LOS MEJORES MOMENTOS DE LOS 30 DE ALGOVIPASA´R

Juan Gonzáles

 

Por Juan E. Gonzales Tafur (Fundador de algovipasa`R)

¿Quién pensaría que los cinco universitarios que ni bien pasaban 30 días de haber creado el grupo, estaban el Lima recibiendo un taller intensivo con los CUATROTABLAS (grupo de teatro que junto a YUYACHKANI, abrían el camino del nuevo teatro en el Perú) de 2 a 6 de la tarde en su casa en Santiago de Surco?

Para tal fin, se vendieron chucherías y muchas cosas inservibles de nuestras casas para completar el pasaje de ida. El sueño era llegar a Cerro de Pasco (lugar donde se había celebrado la última muestra de teatro) juntando dinero a través de las presentaciones en donde era posible. En Lima, Carlos Cueva, nos propuso el taller durante 15 días y nos quedamos con la ilusión de ser como “ellos”; viviendo y funcionando como un grupo humano, con renombre, con una casa para el trabajo y dedicados a algo que nos entusiasmaba.

Felizmente tuvimos el apoyo de los CUATROTABLAS, en especial de Carlos, toda vez que se preocupó por contactarnos y abrirnos las puertas para ver las diferentes opciones y tendencias teatrales. Teníamos la invitación para ver una obra con Amelia Bence y Oswaldo Cattone, tuvimos la suerte de ver buenos espectáculos en el Cocolido de Aurora Colina (una preciosa sala de teatro en Miraflores) como El Beso de la Mujer Araña, vimos a Lucho Ramírez (ex Cuatrotablas) en un espectáculo con mucha expresión corporal y elementos teatrales muy interesantes. Así como el espectáculo que preparaban los CUATROTABLAS, con la presencia de Pilar Nuñez, Maritza Gutti y Mario Delgado en la dirección. La bibliografía era buena y en muchos de los casos siempre éramos beneficiarios de una copia.

Resultó muy interesante la experiencia de intercambio, formación y preparación, pero hasta allí no habíamos tenido la suerte de haber realizado presentación alguna, y el dinero hace días que se había terminado y no teníamos para los pasajes, la alimentación y menos para el hospedaje. Éste último, gracias al contacto con la Escuela Nacional de Arte Dramático, tuvimos un pequeñísimo lugar para el descanso por las noches. La alimentación fue en el restaurante de una paisana de buen corazón, ella nos dijo que “no nos preocupáramos de ello”; así que, en reciprocidad de su apoyo, todas las mañanas había dos personas en la limpieza de platos y ollas mientras los demás, limpiaban las mesas y atendían a los comensales.

A la 1 de la tarde salíamos en “El Chama” al taller de teatro. Una experiencia significativa, con bastante expresión corporal, hasta ese tiempo inentendible, pero que nos ayudó a ir construyendo un nuevo estilo y forma de trabajo.

Llegó el día del retorno, la noche anterior tuvimos la despedida de la Sra. Elena que nos había abierto su pequeño restaurant para atender a sus “paisanos misios”; pasamos por Habich para tomar el carro a Trujillo, pero días antes una visita a algunos familiares en busca de propinas para los pasajes. Estuvimos un día por Trujillo, con asalto incluido, y llegamos a Cajamarca con muchas ilusiones y sueños, creíamos en la profesionalización en el teatro, soñábamos con una casa propia para trabajar, para vivir y experimentar en el trabajo, creíamos en la creación colectiva, nos veíamos con el pelo largo como los teatristas de Lima pero que ninguno de los cinco se animó a cumplir.